Capítulo 7 – La caza, primera parte.

Piensa, piensa rápido Jhulls –me decía a mí mismo mientras miraba de un lado a otro tratando de centrarme en la tarea que ahora se me planteaba. Debía cazar a aquel maldito traidor asesino.

Ale trataría de escapar lo más rápido posible antes de que se diera la alarma a nivel general en la estación, lo cual le causaría graves problemas. Pero de ninguna manera llegaría tan pronto a los puertos de atraque, era simplemente imposible, la estación era gigante, una ciudad flotante en el espacio y moverse de una punta a otra costaría a cualquiera un buen paseíto de al menos una hora a paso tranquilo. Pero Aleninja no era cualquiera, y debía tratar de ir un paso por delante del. Un desafío para mí, desde luego.

 

Giré sobre mí mismo y me dispuse a salir por la puerta a toda prisa, pero varias figuras se interpusieron en mi camino. La Teniente Page había actuado rápido, había avisado a su oficial y al propio Athan, mano derecha del General.

 

– ¿Qué ha ocurrido aquí? –preguntó Kerong con expresión confusa.

 

– No tengo tiempo para charlas Kerong, ese maldito traidor le ha matado. Debo atraparle antes de que escape de la estación. –La furia salía de mí y ellos debían notarlo, pues se apartaron ligeramente. Athan me observaba fríamente, inexpresivo, pasando su mirada de mí al cuerpo del General.

 

-¿Quién le ha matado? ¿Quién ha sido, Jhulls? ¡Dímelo! –Kerong fue consciente repentinamente de lo que realmente había sucedido, mientras la Teniente Page contenía unas lágrimas y se llevaba las manos al rostro para tratar de retener un gemido.

 

– Alex. Él le ha matado. El maldito Aleninja, y pienso cogerle, ahora apartaos de mi camino.

 

– Dejadle ir. –Dijo Athan en tono neutro, serio.

 

– Yo voy contigo –dijo Danah, a lo que Kerong reacciono medio segundo más tarde. –Y yo.

 

Echamos a correr por el corredor mientras discutíamos el plan de acción. Los tres llegamos a la misma conclusión, debíamos llegar a las plataformas de atraque lo antes posible. Pero aquí se nos planteaba un enorme problema, las plataformas de atraque estaban dispuestas en forma de cilindro y si nos equivocábamos de lugar se nos haría prácticamente imposible cogerle antes de que subiera a una nave y tendríamos que seguirle al espacio.

Así que decidimos separarnos para cubrir más terreno y tener opciones. Ellos tomaron el corredor que conducía hacia la plataforma en la que estaba atracada la Anaconda que comandaba Kerong. Por mi parte me dirigí hacia la guía holográfica más cercana, quizás funcionara dos veces seguidas.

 

Activé el terminal y ante mí se mostró la figura femenina que reconocí al instante.

 

– Ari, vuelvo a necesitar tu ayuda.

 

Estoy a su servicio, señor.

 

– Quiero acceder al registro de entrada de los atraques de naves de las últimas cuarenta y ocho horas.

 

Accediendo a base de datos.

 

La joven holográfica movió sus gráciles manos manipulando archivos digitales que se desplazaron ante mis ojos a gran velocidad.

 

– Ahora muéstrame el registro de atraque del nombre en clave Aleninja.

 

Realizando búsqueda. Error, el registro está codificado, es imposible acceder a los datos.

 

– ¡Maldita sea! Ari, tienes que acceder a esos datos de alguna manera. –Dije desesperado mientras veía como las opciones se me acababan.

 

Lo siento señor, pero el registro requiere un nivel de acceso alpha para poder acceder a la data del registro.

 

– ¿Quién posee ese nivel de acceso Ari?

 

Solo el General Lara y Aleninja.

 

¿Aleninja? ¿Por qué Ale tendría tal nivel de acceso? Eso le daba poder para acceder a cualquier lugar de esta estación, y no solo eso, prácticamente podía hacer lo que quisiera. Pero la clave es, ¿El propio Lara le otorgó el nivel alpha o de alguna manera Aleninja se hizo con él?

 

– Ari, ¿puedes acceder a las grabaciones de seguridad en el momento en que el escuadrón de Aleninja entraron a la estación?

 

Sí señor, accediendo a grabaciones de seguridad.

 

La escena de varias naves de combate entrando en la estación se proyectó frente a mí y pude distinguir la nave que pilotaba Ale. Vi como flotaba lentamente mientras se desplazaba hacia la plataforma número quince. ¡Bingo!

 

– ¡Gracias Ari! –dije mientras salía corriendo.

 

Había perdido un tiempo valioso en el terminal holográfico, pero él estaba herido y de ninguna manera podría desplazarse tan rápido. Una vez más forcé mi cuerpo, un rato antes había gastado casi todas mis fuerzas para llegar a los aposentos del General y mi cuerpo no tardaría en pedirme un descanso.

Atravese varios corredores, tome uno o dos elevadores y finalmente llegué a la plataforma de atraques, ahora solo me quedaba llegar antes a la plataforma quince.

Busque un panel informativo, y efectivamente, ante mis ojos vi la localización exacta de la plataforma. Hice un último esfuerzo y fui a toda prisa hacia allí.

Traspasé un punto de control tras el cual me encontré en un corredor suspendido de rejilla metálica que daba al puesto de oficial de atraque.

El hombre estaba trasteando con un dispositivo holográfico portátil que usaba para el registro de las naves que aterrizaban o despegaban. Junto a él un ventanal daba a la plataforma donde con suerte debía estar la nave de Ale.

 

– Oficial, soy el comandante Jhulls. Tenga, este es mi pase de seguridad, necesito que bloquee el despegue de la nave que está en esta plataforma. – En ese momento señale por la ventana y el corazón me dio un vuelco. La plataforma estaba vacía. ¡Mierda, llegué tarde!

 

– Lo siento señor, pero la nave despegó hace unos cinco minutos. – El hombre mostraba la indiferencia de cualquiera que llevase realizando el mismo trabajo día tras día durante años.

– ¡Rápido! Donde están los cazas de la flota del General y no me diga que mi nivel de acceso es insuficiente. – Amenacé al hombre de tal manera que casi se puso a temblar al instante.

 

– Plataformas dos, cinco y siete. Son las más cercanas, señor.

 

Salí a toda velocidad del lugar. Las gotas de sudor me bajaban por la frente y se me metían en los ojos, lo cual me molestaba tremendamente. Mi cuerpo no daba para más, si no paraba iba a vomitar. Por el camino vi como un operario conducía un pequeño vehículo, rápidamente me acerque según pasaba a mi lado. Que el cielo me perdone, agarré al pobre hombre por un brazo y lo lance al suelo para acto seguido sentarme en el pequeño vehículo y salir a toda prisa. Esto ya era otra cosa, mis piernas y mis pulmones me lo agradecieron.

 

De camino sonó mi comunicador.

 

Jhulls, aquí Kerong. Por aquí no hay rastro de Aleninja, tenemos a un regimiento rastreando el resto de plataformas.

 

– Rápido Kerong, despegó hace más de cinco minutos, aun podemos alcanzarle. Prepara a tu tripulación, me dirijo a la plataforma cinco. Nos vemos fuera de la estación. –Dije mientras esquivaba varios transeúntes que circulaban por la pista que conducía a mi destino. Aquellos pequeños cacharros eran endiabladamente rápido, más de lo que hubiera imaginado nunca.

 

Recibido.

 

Finalmente llegué a la plataforma. La visión de aquel caza me dio algo de esperanza, era una nave rápida la que tenía ante mí, blanca e impoluta. La Imperial Eagle era una versión mejorada del pequeño caza de combate estándar. Subí al caza y transmití mi código a torre y acto seguido hice un iniciado rápido de los sistemas. No había tiempo que perder.

 

Puede despegar, Comandante Jhulls.

 

Fueron las palabras que sonaron en mi cabina antes de despegar escuchando el agudo ronquido de los motores subespaciales del caza. La nave iba como la seda, ágil como un colibrí y rápida como un rayo. Salí de la estación a toda velocidad, infringiendo varias normas del protocolo de atraque de la estación.

Tras de mi avanzaba lentamente la enorme nave de combate Anaconda.

 

– Kerong vamos a necesitar que uses esos potentes sensores que tiene esa belleza. –dije por radio.

 

– Eso está hecho amigo. Iniciando escáner de baja frecuencia. – Por mi parte busque en el negro vacío con la esperanza de que alguno de aquellos puntos que se desplazaban por todo el espacio ante mi fuera Aleninja. Mientras buscaba con la mirada, volvían a mi todos los recuerdos que atesoraba, los buenos momentos que había pasado con el viejo General. Lara no solo había sido nuestro mando en la armada, era como un padre para todos nosotros, el cuidaba de todos. Por mi parte solo tengo buenas cosas que decir sobre él, era un hombre fuera de lo común, de una altura moral que nos sobrepasaba. Él debía ser quien cambiara el rumbo que llevaba esta galaxia y Ale, se lo arrebató todo en un segundo.

 

Ahora seré yo quien te lo arrebate todo a ti. –dije casi sin darme cuenta que hablaba en voz alta.

 

– En el sector cinco, señor. Cerca del norte del planeta, un caza Imperial Eagle, parece que intenta realizar un salto pero está atrapado por la gravedad del planeta. –dijo la Teniente.

 

– Es nuestra oportunidad, motores al máximo. –Kerong se satisfizo por momentos, pero algo no me cuadraba, demasiado fácil.

 

– Intentaré impedirle el salto. –Desvié toda la energía a motores, empujé la palanca que controlaba el impulso del caza y pude notar como todos mis órganos se pegaban a mi espalda. Aquella sensación de velocidad que poseían las naves más pequeñas me causaban un subidón de adrenalina tremendo y me encantaba.

 

Poco a poco, la pequeña partícula de polvo que era mi objetivo en la inmensidad del espacio, se fue haciendo más grande. Aun no lo tenía a tiro, pero en mi corría el ansia de abatirlo como un torrente.

 

Vamos, vamos…

 

Forcé los motores de mi nave, pulse el “bust”. Aquello me daría un impulso extra de velocidad por unos segundos y quizás me acercara lo suficiente como para alcanzar a aquel malnacido.

 

– Kerong, espero que estés listo para recoger basura espacial. Me estoy acercando. – Active el sistema de armamento. Me mordí el labio mientras concentraba mi vista en el objetivo a abatir.

 

– ¡Que no se escape Jhulls! Te seguimos de cerca. Disponed las armas chicos. –dijo.

 

El selector de mi armamento buscó a su presa y lo bloqueó. Apreté con todas mis fuerzas el gatillo y aquella pequeña agila blanca comenzó a escupir fuego por la boca. Mis lasers de pulso impactaron una y otra vez, pero su escudo hizo su trabajo y absorbió el daño efectivamente.

 

¿Qué pasa? ¿Por qué no maniobra? ¿Por qué no trata de esquivarme?

 

Me dispuse a soltar otra andanada de disparos, pero medio segundo más tarde estaba disparando al vacío. En un pestañeo, la nave frente a mi había desaparecido con un destello de luz saltando al hiperespacio.

 

Maldición le hemos perdido, pero ¿Cómo?

 

– Por favor Kerong, dime que en esa nave llevas equipado un dispositivo de rastreo de señales FSD.

 

– Lo siento Jhulls, pero esta preciosidad tiene de todo menos uno de esos sabuesos.

 

– Tranquilos chicos, yo me encargo. – El timbre de voz característico y aquel acento tan peculiar hizo que aquel sentimiento de fracaso que me embargaba desapareciera por un segundo. – Aquí Starlion, ¿puedo unirme a la cacería?

 

– Por supuesto maestro, eres bienvenido. –dije.

 

– Comenzando escaneo. – El silencio se hizo dueño de mi cabina durante unos instantes que parecieron siglos, tan solo interrumpidos por mi respiración y el sonido de los motores.

 

– ¡Le tengo! – Dijo Starlion alzando la voz. – Les transmito la dirección de salto, no está muy lejos. Por lo que parece ha hecho un salto corto a un sistema cercano.

 

– De acuerdo chicos, preparados para el salto en tres, dos, uno. – Siguiendo las instrucciones de Kerong todos saltamos al unísono.

 

Atravesamos el vacío infinito como ínfimas esquirlas de metal, mientras dejábamos atrás la estación orbital Rosseland y su bello planeta azul, que parecía moverse a toda velocidad en dirección opuesta. Mire a través del panel izquierdo de mi cabina un segundo antes de que todo desapareciera ante mis ojos, dando paso a las sibilantes luces del hiperespacio. Retomé la postura correcta en los puestos de mando de mi nave y afronte toda la fuerza que imprimía en mi cuerpo la potencia de los motores hiperluminicos.

 

Llegamos a nuestro destino y la aparición repentina de la estrella de aquel sistema llenó de luz blanca todo el habitáculo de mi nave.

 

– Escaneando el sector. – Comuniqué por radio.

 

– Recibido. –dijo Starlion.

 

– Recibido. – Respondió Kerong.

 

– Ahí lo tenemos chicos, está cerca de la baliza de navegación. A por él. – Aceleré a fondo y recé para que esta vez no escapara.

 

– Hagamos una maniobra envolvente. – Starlion había sido líder de escuadra en el pasado y no le fue difícil asumir ese papel en este momento. Rápidamente comenzó a darnos indicaciones. – Jhulls, dirígete al sector cuatro, cinco, punto cerro. Kerong, bloquéale la huida avanzando desde aquí, yo avanzaré para empujarle lejos de la baliza hacia Jhulls.

 

La Scout recién reparada de Starlion bramo como un león y aceleró alejándose de mi posición, haciendo una curva. Giré hacia el sector indicado y poco a poco fui dejando a mi izquierda la señal del caza de Aleninja. Casi podía sentir la presencia de la lenta pero inexorable Anaconda, que avanzaba acechando cualquier maniobra que pudiera realizar nuestro objetivo.

 

– En posición. – Dijo Starlion.

 

– Lo estoy encarando, ¿lo tienes cubierto Kerong?

 

– Por aquí no pasará, eso te lo aseguro.

 

– Comenzamos la maniobra. – Con esta orden Starlion aceleraba haciendo disparos cercanos al caza, para hacerle dirigirse hacia mi posición.

 

El caza giró torpemente tratando de evitar los embates de Starlion, aceleró y tal y como habíamos previsto se dirigió hacia el lugar en el que le esperaba. Como un perro pastor, la Scout dirigía a la pequeña nave imperial como si de una oveja se tratase.

Nuestro objetivo no realizaba maniobras evasivas, ni giros, ni toneles, ni siquiera trataba de realizar una contra ofensiva contra su atacante. No encajaba y empezaba a temerme lo peor.

 

De pronto el pequeño caza detuvo su avance y se quedó estático en el espacio. Tal fue la frenada que Starlion tuvo que realizar un alabeo para evitar chocar. Pasó tan cerca y tan rápido que pude ver como saltaron las chispas al rozar el lomo de ambas naves.

 

– ¡Pero que! – Se quejó Starlion.

 

– Un momento, chicos, parad un segundo. – dije sorprendido por la señal que se mostraba en mi panel de control.

El panel holográfico de los controles de mi nave mostraba una comunicación entrante. Acepte.

 

– ¡No disparéis!, ¡No disparéis, por favor!, ¡No he hecho nada!

 

No era la voz de Ale, pero ¿Quién demonios era? ¿Porque iba a bordo de la nave de Aleninja?

 

– ¡Identifícate! – Bramó Kerong. – ¡Rápido, identifícate antes de que te vaporice!

 

– Soy Joe, un hombre me pagó mucho dinero por coger esta nave y marcharme de la estación. – La voz temblorosa del hombre me hacían pensar que probablemente estuviera afectado no solo por el miedo, sino que además podía estar drogado o borracho. Parecía mayor, no podría asegurarlo pero probablemente estuviera en el ocaso de su vida.

 

– ¡Maldita sea! Nos ha engañado, debí haberlo previsto. – Maldije mientras volvía a introducir la ruta a Rosseland en el navegador de abordo. – Fui un iluso al pensar que sería tan fácil atrapar a Ale. Rápido chicos, tenemos que volver a la estación o le perderemos para siempre.

 

– ¿Qué hacemos con Joe? – dijo Starlion.

 

– Yo me encargo, creo que podremos hacerle un hueco aquí.

 

– De acuerdo Kerong, nos vamos adelantando. No te retrases.

 

Tomamos rumbo al vector de escape y saltamos nuevamente hacia HIP 33390, el sistema en el que se encontraba la estación orbital.

 

No tardamos mucho en recorrer la distancia desde el punto de salto hasta la estación una vez en el sistema. Realizamos la aproximación, solicitamos permiso para aterrizar y rápidamente nos reunimos en un punto común para comenzar la búsqueda.

Ale era un tipo extremadamente astuto e inteligente, probablemente fuera el más peligroso de entre todos nosotros. No por sus habilidades como piloto y tampoco por sus capacidades como soldado, sino por su visión, siempre iba un paso por delante, siempre. Tanto en una lucha cuerpo a cuerpo como en un combate en el espacio, era capaz de prever las acciones de su enemigo. Todo eso sumado a su manera de actuar y su forma de ser, generalmente era silencioso y parecía tramar algo. Pero luego hacia que bajaras la guardia bromeando, y eso me hacía pensar si no estaba actuando siempre. ¿Nos había engañado todos estos años?

 

 

Vi al grandullón llegar al trote hasta donde me encontraba, nada más llegar nos dimos cuenta del revuelo que se había formado. Los paneles holográficos por toda la estación proyectaban la noticia, la muerte del general había sido un tremendo varapalo para Los Centinelas y para todos los que vivían en la estación.

El rostro siniestro de el que fuera mi amigo en el pasado se proyectaba ahora como advertencia para todo aquel que se lo encontrara.

 

– Tenemos que encontrar alguna pista del paradero de Ale. Creo que deberíamos empezar por el muelle de atraque en que estaba su caza, o en las cercanías. Estoy seguro al noventa y nueve por ciento de que al menos dos o tres de mis disparos le alcanzaron.

 

– En tal caso debe haber dejadon un reguero de sangre. – dijo Starlion. – No debe ser difícil encontrar un rastro. Yo iré al muelle de atraque, tú encárgate de las cercanías.

 

– Ese tal Joe es la clave, parecía drogado o borracho. Tengo una corazonada, creo que se dónde investigar. – Esperaba estar en lo cierto y que me condujera hasta una pista fiable.

 

– De acuerdo Jhulls, mantendremos la comunicación por radio. – Y tras esto ambos nos separamos.

 

 

Toda estación espacial tenía sus escondrijos, y todas las estaciones albergaban a gente que tras llegar en busca de trabajo o fortuna, no encontraban ninguna de las dos. Perdían todo lo que tenían debido a malas decisiones o simplemente la suerte no estaba de su lado y acababan como desechos de la sociedad, malviviendo en zonas suburbiales, durmiendo entre tuberías, accesos de ventilación, o sectores de mantenimiento en desuso.

Había estado en muchas estaciones y había visto como el ser humano era capaz de ignorar la desgracia de los menos afortunados. Cientos o miles de personas entraban y salían de estas estaciones, mientras que otros tantos veían como pasaban ante sus ojos y eran ignorados. Se veían atrapados, olvidados y marginados por todos.

 

Algo me decía que ese tal Joe era una de estas personas, no me entendáis mal, la visión del General y sus intenciones eran las más puras y buenas, pero hay cosas que no se pueden controlar. Por esto decidí dirigirme a una de esas zonas a las que nadie quiere ir, a las que todo el mundo evita si no quiere verse en problemas o rodeado de ratas, tanto literal como figuradamente.

 

No fue difícil. Como había deducido, en las cercanías al muelle de atraque había un acceso a un montacargas que conducía a una de estas zonas. A penas me supuso unos minutos llegar al lugar. Olía mal, bastante mal. Un enorme corredor ancho se extendía todo a lo largo de aquel sitio. Infinidad de tuberías recorrían el techo, escapes de gases podían verse cada pocos metros, y aumentaban el calor y la humedad haciendo que el ambiente fuera insoportable y agobiante.

La gente se apelotonaba por todos lados, muchos tirados en el suelo pedían limosna a mi paso o simplemente dormían. Diferentes puestos de cachivaches improvisados se situaban desperdigados por la zona. Cada poco daba una patada a alguna rata, si, ratas. Hasta aquí habían llegado estas alimañas.

 

Avancé un poco más, y comencé a hacer preguntas. Preguntaba por Joe, pero nadie hasta el momento me sabía decir. No perdí la esperanza. Finalmente encontré a un anciano que vendía piezas de recambio de diferentes tipos, no quería ni imaginar de donde las sacaba.

 

– Eh, amigo. ¿Te interesa un conversor de plasma? – dijo el hombre.

 

– No, pero quizás puedas ayudarme a cambio de unos créditos. – Mostré al viejo un chip de créditos que llevaba encima.

 

– ¿Qué es lo que quieres saber?

 

– ¿Conoce a un tal Joe? Debe ser un hombre de edad avanzada, un borrachín o un yonki diría yo.

 

– Eso depende de cuánto me vaya a pagar. – dijo cauteloso.

 

– ¿Ciento cincuenta le parece razonable?

 

– Doscientos. – respondió.

 

– Ciento ochenta.

 

– De acuerdo. Lo vi hoy, andaba de aquí para allá tratando de racanear algún crédito para comprar una botella de Wisky. Un hombre se le acercó y hablaron, pero no llegué a oír que decían.

 

– ¿Recuerda algo más?

 

– No lo sé, no presté mucha atención al asunto. –dijo tratando de parecer desinteresado.

 

– Tal vez otros cien créditos refresquen su memoria. – resople resignado.

 

– Pues ahora que lo recuerdo, el hombre le dio algo, parecía un pase de nivel. Como esos que llevan los guardas de seguridad. Hablaron sobre una nave, el desconocido le insistió en que despegara lo antes posible. Luego se fue. Ah, sí, iba dejando un reguero de sangre. Pero aquí no prestamos importancia a esas cosas, husmear en ese tipo de asuntos suele costarle a uno un disgusto o algo peor.

 

– Por casualidad ¿se acuerda de en a donde fue o que dirección tomó? Sería de gran ayuda. – Crucé los dedos mentalmente con la esperanza de que el viejo chatarrero supiera algo.

 

– ¿Quién se ha creído que soy? ¿Uno de esos que andan siguiendo a las personas por callejones oscuros? – El hombre realmente parecía molesto u ofendido.

 

– Cuatrocientos créditos. – Y así, contundente como un martillo, gasté mi último cartucho.

 

El hombre se recostó contra el muro mientras reía entre dientes. Me miraba desde el suelo, allí donde estaba sentado tras los trastos que vendía. Durante unos segundos me miró de arriba abajo con esa sonrisa en su cara, como si escrutara mi alma. Golpeó suavemente sus rodillas y dijo:

 

– Está bien, ayúdeme a ponerme en pie. Le llevaré al lugar. – Extendió una mano para que le ayudase a levantarse. – Norbert, vigílame el puesto. – Dijo a otro hombre que vendía juguetes hechos con restos, y tras esto nos pusimos en marcha.

 

El hombre me condujo por lugares que jamás habría imaginado que existían en aquella estación. Nos llevó un rato llegar al lugar del que hablaba.

 

– Aquel hombre parecía mal herido, se iba tambaleando y por como tosía no debía quedarle mucho. Se arrastró hasta este conducto. – Señaló a la confluencia de unas enormes tuberías, bajo las cuales había una trampilla de un metro y medio aproximadamente. Efectivamente había un rastro de sangre, y se podían ver las huellas de su mano manchada de sangre en la trampilla.

 

– Está bien amigo, aquí tiene lo que le corresponde. – Entregué el chip de créditos al viejo, que lo miró con satisfacción. – Gracias por su ayuda.

 

Me intrigaba sobremanera a donde conduciría aquel conducto de aire, así que abrí la trampilla y comencé a avanzar por la opresiva tubería. Avanzaba despacio, en ocasiones el ir de cuclillas era realmente aparatoso y tenía que arrastrarme a gatas.

Finalmente alcancé la salida, ésta daba a una estación de pasaje para el transporte de personas entre sistemas planetarios. El muy desgraciado se había colado en una nave repleta de personas y había pasado desapercibido para todos. Nos la había jugado bien y delante de nuestras narices.

 

– Starlion, he averiguado como escapó de la estación. Esto nos va a llevar más tiempo del que pensábamos.

Jhulls

Gamer, Cinefilo, aficionado de la literatura fantástica y los juegos de rol, con ciertas habilidades para el dibujo, me adentro en el mundo de los relatos cortos para el disfrute de mis camaradas Centinelas.