Capítulo 3 – La Señal.

Ciento veintitrés con sesenta y dos años luz nos separaban del destino que nos habían transmitido a través del viejo disco encriptado. Nos había llevado todo un día descodificarlo. Ante nosotros teníamos doce saltos, de estrella a estrella, con todo lo que ello conllevaba.

Mi caza había salido airoso de su escarceo con el olvido, aquel ingeniero había logrado dejarlo casi como nuevo, a excepción de algún que otro rasguño. -“heridas de guerra” le dije sonriente al ingeniero cuando se intentó excusar por no haber podido dejarlo al cien por cien.

 

– Tendremos que hacer varias paradas “Maestro” – mi voz sonaba embotellada dentro de mi casco.

 

– Está todo previsto, nos encontraremos a medio camino con Scott y Aleninja. Estarán esperándonos. –Starlion hizo una pasada cercana a mí con su nave, dejando una estela tras de sí. Los motores de su “Diamondback Scout” hicieron vibrar el interior de mi caza mientras los destellos de luz que desprendían formaron haces de luz fragmentada en el cristal de mi carlinga.

 

– De acuerdo, vamos allá. –Mis dedos se movieron agiles por los mandos holográficos, mientras preparaba la nave para realizar el salto.

 

Activando motores de salto en 3, 2, 1…

 

La voz de la inteligencia artificial de mi nave se fue pasando a un segundo plano, mientras el sonido de los motores iba aumentando hasta un nivel que habría sido molesto si no llevara el casco.

Ante mí se formó un enorme túnel que abarcaba todo a mí alrededor. Las estrellas parecieron moverse hacia el centro formando alargadas estelas luminosas, luego a una velocidad imposible se dirigieron hacia mí, la luz intensa delimitaba aquel extraño túnel. Hubo un fogonazo de luz tras lo cual entre en aquel espacio etéreo, lleno de luces sibilantes, nebulosas espectrales y aterradoras formas.

 

El efecto que causaba en mi cuerpo un salto por aquel “hiperespacio” era considerable. La primera vez que realice un salto el terror se apoderó de mí, agarrotando mi garganta e impidiéndome formar un grito siquiera. De eso hace ya mucho tiempo, aún era un niño y el inmenso vacío del espacio me impresionaba tremendamente.

Ahora era distinto, tras el primer salto, el resto es más una experiencia sensorial cuasi satisfactoria aunque te desorienta. Si pudiéramos compararlo con algo, si es que eso es posible, sería algo parecido a la sensación que tienes en una caída libre desde cinco mil metros de altura haciendo salto base.

 

Tras dos saltos aparecimos cerca de una estrella de tipo “K”, la nave oscureció los cristales ajustándose a la luz presente. La estrella tomó un tono anaranjado, mostrando en su superficie unas explosiones gigantescas, como garras que intentaban alcanzarnos y devorarnos, hasta convertirnos en polvo estelar.

 

– Alejémonos un poco de la estrella, me ha parecido ver en el escáner una señal. –Dijo Starlion.

 

– Recibido, te sigo de cerca. – envié potencia a los motores y aceleré hasta colocarme en la cola de la “Scout”. Mis escáneres no tenían tanto alcance como los que llevaban la nave de mi amigo, pero efectivamente, allí estaba la señal.

 

– Veamos de que se trata, bajamos a mi señal. – ¿Una señal codificada en medio de un sistema planetario deshabitado, sin siquiera estaciones orbitales ni planetarias y tampoco prospecciones mineras? Aquello me olía a chamusquina.

Una de dos, o alguien había tenido muy mala suerte y había sufrido algún accidente o nos esperaban para una fiesta sorpresa. Normalmente no suelo tener mucha suerte en estos asuntos, así que…

 

Bajamos en tres, dos, uno.

 

La velocidad de ambas naves disminuyó tras desactivar los motores supercrucero que nos permitían movernos a velocidades superlumínicas. Estábamos a cierta distancia de un planeta de unos suaves colores terrosos,  a simple vista parecía un planeta rocoso.

Tomamos rumbo a la señal, visualmente me era difícil distinguir algo en el espacio frente a mí, pero poco a poco, y según nos íbamos acercando vimos una nube de escombros que perfectamente podría cubrir varios kilómetros de distancia.

 

– ¿Pero qué demonios? ¿Qué ha pasado aquí? –algo en aquel paisaje oscurecía mis pensamientos.

– Jhulls, no te separes. Realizaré un barrido, quiero averiguar si hay algo aprovechable o en última instancia, aunque poco probable, alguien a quien ayudar. –Starlion sonaba concentrado, me recordó a tiempos pasados, cuando servíamos juntos como compañeros de ala para el imperio.

 

Maniobramos suavemente entre los escombros. Nuestras naves flotaban deslizándose de un lado a otro, casi como si se balancearan en un baile silencioso entre aquellos testigos flotantes. Realizamos nuestra danza macabra durante un largo rato, y aquella sensación que me erizaba los pelos de la nuca comenzó a hacerse patente. Tenía un mal presentimiento, y por todos los diablos, mi instinto no solía fallarme.

 

De pronto, luces y sonidos de alerta se activaron en los paneles holográficos de mi caza. Una señal, dos, tres, cinco.

 

Escáner detectado.

 

La voz de la IA de mi caza me alertó de algo que esperaba. Nos estaban escaneando y no parecían tener buenas intenciones.

Starlion pareció detectar lo mismo pues medio segundo después vi como sus motores escupían fuego al vacío.

 

– ¡Detecto cinco objetivos acercándose a gran velocidad! –desvié toda la energía a motores y escudos, tras lo cual aceleré tratando de no matarme contra los escombros.

 

– ¡Usemos los escombros como cobertura! Detecto tres más acercándose desde siete punto cinco. ¡Mierda, están abriendo fuego! –la situación se había puesto totalmente en nuestra contra, y tendríamos que tener mucha suerte si queríamos salir vivos. Maldita sea, ¿Qué demonios me ocurre? ¿Es que no voy a dejar de jugar con la muerte?

 

Un infierno se desató a nuestro alrededor, infinidad de explosiones a causa de los impactos por las armas de nuestros perseguidores nos hacían maniobrar incesantemente.

Trate de seguir la estela de la Scout de mi amigo. No tardé mucho en ver como las dos naves que vio mi compañero se acercaban cortándonos el paso. Realicé un tonel a la derecha, girando a toda velocidad alrededor de los restos de algún tipo de nave de transporte. En un segundo estaba en formación junto a Starlion. – A mi objetivo, ¡Fuego!

Nuestras naves vomitaron repetidamente ráfagas de energía con la mala leche de mil demonios. ¡Bum! El primer enemigo estallaba proyectando una llamarada de luz.

El Scout y mi caza pasaron a través de la explosión como dos relámpagos.

 

– ¡Toma eso, malnacido! –Lo siento, pero no pude evitar reírme en medio de todo aquel peligro mortal al escuchar a mi amigo gritar por radio.

 

– Tómalo con calma, aún tenemos siete más y no creo que nos lo vayan a poner fácil. –dije mientras trataba de analizar la situación.

 

Los compañeros del  pobre desgraciado que acabamos de convertir en polvo espacial venían a toda velocidad. Disparaban a algún punto delante de nosotros. Un instante después hubo una enorme explosión, la potencia fue tal que desplazó mi nave y me dirigí peligrosamente hacia una gran masa de escombros. La adrenalina invadió todo mi ser, y por un momento casi se ralentizó el tiempo. Todo a mí alrededor se volvió borroso, pero fui capaz de focalizar y concentrarme en salir vivo.

Desactive el asistente de vuelo para adquirir cierta libertad de maniobra, tire de la palanca de mandos hacia atrás, luego medio tonel a la izquierda para finalmente – y rezando por mi vida- activar nuevamente el asistente de vuelo junto con el “boost”.

Mi caza paso por lo que en su día era la bodega de carga de una nave tipo Anaconda. Ésta había sido destruida pero bloqueaba mi paso y tan solo quedaba un hueco mínimo que atravesaba su enorme panza.

Volé a través de la enorme nave a una distancia ridícula de los bordes del hueco mientras gritaba como un poseído –ya que iba a morir, ¿porque no hacerlo con estilo?

 

 

 

 

Una vez al otro lado busque con la vista a mi compañero sin obtener resultados. Hice un chequeo del escáner y esta vez sí lo localicé, se dirigía hacia la superficie del planeta rocoso perseguido por tres de nuestros enemigos.

Tras hacer un giro de ciento ochenta grados, aceleré a todo lo que dieron mis motores. Según me acercaba percibí que la nave de mi amigo había recibido algún tipo de daños. Poco a poco fui colocándome tras mis enemigos, dejándolos entre la Scout y mi nave.

 

– Maestro, ¿sigues vivo? –intenté quitar fuego al asunto, él no necesitaba que yo añadiera más estrés a la situación.

 

– ¡Los tengo en mi cola Jhulls! ¿Tú que crees?

 

– Prepárate, les sigo de cerca y voy a darles una ración de amor. ¿Te acuerdas de la maniobra Vibora?

 

– Sí, ¡Se van a cagar! –Sentí como la rabia fluía en sus palabras y me daban ánimos, todo hay que decirlo.

 

-¡YA! –di la señal y apreté el gatillo con fuerza.

 

El armamento de mi caza hizo lo propio dedicando un festival de luces mortales en dirección a mi objetivo que recibió varios impactos. El dañó que le cause fue significativo pero no le impidió seguir pilotando su nave.

Comenzaron a maniobrar tratando de evitar al nuevo enemigo que les amenazaba.

Uno de nuestros oponentes, que pilotaba una Cobra Mark III comenzó a girar en redondo para encararme, mientras los otros dos que pilotaban sendas Eagles, realizaron  maniobras bruscas a base de giros, alabeos y cabeceos, aunque uno de estos no consiguió gran cosa debido al daño causado por mis armas.

 

Desde donde yo estaba pude ver como de pronto y a gran velocidad la Scout de Starlion giró sobre si misma mientras mantenía la misma dirección. Y así, pilotando marcha atrás a toda velocidad comenzó a disparar a mi objetivo, que ya estaba dañado. La Scout disparó una y otra vez hasta que hizo estallar en mil pedazos a su perseguidor.

Habiendo desecho la formación enemiga, Starlion retomó su orientación inicial y aceleró en dirección al planeta.

 

– Intentemos perderlos en la superficie. Me han dañado el motor de salto. –Dijo Starlion.

Mal asunto, si nos quedábamos varados en este lugar, tendríamos pocas posibilidades de sobrevivir.

 

– De acuerdo, intentaré deshacerme de estos dos. –Analice la situación y preferí tratar de derribar a la otra Eagle. Ésta era muy rápida en sus movimientos pero al ser un caza ligero no era capaz de soportar tanta carga de daños.

 

Fijé mi objetivo si perder de vista a la Cobra y comencé mi persecución. Una descarga del “boost” de mi caza me acercó lo suficiente para estar al alcance de mi enemigo. El caza que tenía delante no paraba de hacer giros, a un lado y a otro. Trataba de seguir su estela, rectificando en cada momento mis movimientos para no perder su cola.

Mientras tanto, la Cobra había conseguido ponerse detrás, pero aún estaba a bastante distancia. Desgraciadamente para mí, aquella miserable nave era probablemente la más rápida del mercado y comenzó a ganarme terreno.

Debía acabar con el pequeño caza o me convertiría pasto para Thargoids.

 

En un momento dado conseguí colocarme en una posición óptima, desvié toda la potencia al armamento y disparé.

Disparo tras disparo impacté en el pequeño caza, que se revolvía desesperadamente en un último intento por sobrevivir, pero finalmente explosionó.

 

Durante un segundo sentí alivio, pero no duró. La Cobra me seguía ahora de cerca –Estaba jodido-. No solo eso, el resto de naves que nos perseguían ahora habían aparecido y se sumaban a la persecución. –Estaba realmente jodido.

 

Puse rumbo al planeta, desvié toda la energia a los motores y recé para que el piloto de la maldita Cobra fuera realmente malo y para que en aquel planeta hubiera un hueco muy profundo.

 

*

 

Casi hago reventar yo mismo el motor, creo que nunca había accionado el “boost” tanto y tantas veces seguidas. Mi caza parecía llorar a cada descarga.

Durante el camino mi perseguidor me impactó una y otra vez mientras nos acercábamos al planeta. Los daños iban en aumento y las alertas y alarmas comenzaron a desquiciarme mientras intentaba mantener el morro alto para entrar en la atmosfera.

Los minutos que tardamos en entrar se hicieron eternos, la luz que provocaba la fricción de mi nave inundó la carlinga, y casi pareció que estaba descendiendo al mismísimo infierno.

Lo bueno de todo aquello era que mi perseguidor no podía hacer la entrada al planeta y dispararme a la vez. –Por fin, algo positivo.

 

Los sensores de la nave indicaban que el planeta tenía una composición favorable para poder respirar en su superficie. Otro dato positivo, La situación mejoraba, solo faltaba que nuestros perseguidores decidieran que no valíamos tanto la pena y dieran media vuelta. –Lo dudo mucho.

 

Instantes después note como la gravedad del planeta hacia modificar mi modo de vuelo. Las condiciones atmosféricas hacían que el pilotar fuera una labor designada tan solo para suicidas. Nada más descender unos miles de metros, no conseguía ver nada por las nubes tormentosas, la nave se movía aquí y allá, zarandeada por las fuertes ráfagas de aire.

 

Deduje que el piloto de la Cobra o había desistido en su persecución o estaba perdido entre las nubes al igual que yo. Durante todo mi descenso me pregunté cómo le estaría yendo a Starlion.

Descendí y descendí intentando guiarme por los sensores, hasta que se abrió un claro entre las nubes. Esto me permitió vislumbrar un cañón que atravesaba una meseta que se extendía hasta donde alcanzaba mi vista.

Sobrevolé aquel lugar tratando de encontrar visualmente la nave de mi amigo, ya que mi escáner no lo detectaba.

 

De pronto, recibí unos impactos que debieron dañar algo importante pues comenzó a llenar mi cabina de humo. Aquel maldito desgraciado en su maldita Cobra no cejaba en su empeño. Descendí a toda velocidad hacia el cañón para intentar despistarlo. Los daños que había recibido eran tremendos, no sabía por cuanto podría mantener la nave en el aire.

 

Mi caza se proyectó al interior del cañón como un rayo blanco, dejando una estela de humo negro. Me seguían de cerca, pero aquí dentro no podía desarrollar toda su velocidad, así que en ese punto estábamos igualados. Por otro lado arriesgaba mucho, pues la nave enemiga estaba intacta, mientras que la mía…

 

Los impactos de energía hacían desprender enormes rocas, en más de una ocasión recibí golpes de éstas, pero logre evitarlas en su mayoría. Las paredes de aquella gigantesca grieta giraban a derecha e izquierda, casi como si de una cicatriz arrugada se tratase.

En un par de ocasiones pensé que arrancaría los mandos de la nave debido a la tensión de mi cuerpo, pero aun así seguía pilotando. El Caza enemigo empezaba a ganarme terreno y yo me quedaba sin opciones, así que hice una plegaria a los cielos y tramé mi última jugada.

Aceleré todo lo que fui capaz mientras maniobraba, el piloto enemigo hizo lo propio tratando de mantenerme el ritmo. Pronto vi mi oportunidad, frente a mí se abría una bifurcación, uno de los caminos acababa en una inmensa pared de rocas que sobresalía de la propia grieta. Esperé por mi propio bien que mi perseguidor no se percatara de ello.

 

Entré por aquel camino sin final, desaceleré lo suficiente para que mi nave quedara frente a mi enemigo. Este comenzó a dispararme frenéticamente, así que desvié toda la energía restante a los escudos.

Como bien había dicho anteriormente, mi caza venia dejando una enorme estela de humo negro, al quedar frente a mi enemigo el humo limitó la visión de éste, así que bloqueé los mandos.

 

Si esto sale mal espero que al menos Starlion tenga más suerte.

 

A tres latidos de la infinita pared rocosa tiré con todas mis fuerzas de la palanca de eyección. El sonido de una potente explosión se alejó de mí.

Milagrosamente llegué vivo y sin romperme nada a tierra, me encontraba en lo alto de la meseta. Al borde prácticamente de la enorme cicatriz del planeta.

Estaba solo, sin nave y mi amigo estaba perdido. Si quería sobrevivir debía encontrar a Starlion.

Jhulls

Gamer, Cinefilo, aficionado de la literatura fantástica y los juegos de rol, con ciertas habilidades para el dibujo, me adentro en el mundo de los relatos cortos para el disfrute de mis camaradas Centinelas.