Capítulo 5 – Hogar.

Un festival de luces danzaba sobre nuestras cabezas, estallando en destellos dorados, escarlatas y azul. Guardaba cierta belleza hipnótica a la par que aterradora. El cielo era campo de batalla de carros de fuego y de luz, tal y como se describía en innumerables manuscritos ancestrales. Temed, mortales porque los dioses vigilantes campan surcando el firmamento, derramando toda su furia.

Así es como podía haber percibido la escena sobre mí un indígena o un ser primitivo en un planeta virgen. Pero yo no era nada de aquello, yo veía lo que realmente era, una batalla naval entre dos bandos. De ella solo podía surgir muerte y destrucción, y Starlion y yo estábamos justo bajo todo aquel apocalipsis bélico.

 

Una Anaconda apareció de entre las nubes como una lanza celestial disparando todas sus armas de energía dañando en un costado a una de las naves pirata que pasaba a toda velocidad frente a su campo de visión. A lo lejos habían aparecido hasta cuatro patrulleros Python, realizando maniobras en formación casi perfecta. Desde mi posición se podía distinguir claramente la forma de V, que quizás vaticinaba la pronta victoria.

Maniobrando alrededor de la enorme fragata tipo Anaconda de las fuerzas aliadas, brotaron realizando piruetas imposibles varios cazas de combate, que se lanzaron a la persecución de las naves más pequeñas de los piratas.

 

A ratos podía distinguir los bandos, claramente diferenciados por sus emblemas. Por un lado aquellos impíos piratas, con su amenazante calavera. Por el otro, nuestros salvadores. Estos últimos portaban orgullosos un emblema escarlata y argenta, brillando contra los radiantes destellos de los relámpagos de energía.

 

Nada más y nada menos que dos escuadras completas habían aparecido como por arte de magia y estaban haciendo pasar un mal rato a los malos. No podía ser simple casualidad.

 

Tras la euforia del momento, me di cuenta de que allí donde estábamos corríamos grave peligro de recibir una descarga de energía, ser aplastados por alguna de las naves luego de ser derribada o simplemente recibir alguna herida por la metralla, lo cual probablemente acabara siendo mortal.

 

– Rápido, a la nave. Salgamos de aquí cuanto antes, corremos peligro. – Señale a la Scout y ambos corrimos hacia el interior.

 

Mi compañero tomo los mandos, inicializó la nave mientras en la zona de carga yo trataba de mantener la calma.

 

Realizando chequeo de sistemas…

 

– ¡Cancelar, cancelar! ¡Arranca de una maldita vez! – La frente de Starlion se perló con las gotas de sudor por el estrés. Instantes después sentí bajo mis pies el zumbido de los motores.

 

– Agárrate fuerte. – Me dijo, y acto seguido despegamos alejándonos del fragor de la batalla.

 

Desde atrás pude ver como la nave giraba levemente a la izquierda, y comenzaba un ascenso progresivo mientras aumentaba la velocidad. Abajo dejábamos la extensa meseta marcada por aquella cicatriz de la cual casi no salimos con vida.

Sentí alivio, a pesar de tener tras de nosotros a un grupo de piratas asesinos, en mi interior podía respirar tranquilo.

 

– Adelante fuerzas aliadas, aquí el Comandante Starlion. Por favor respondan. –Pronunció las palabras y permaneció expectante mientras conducía la nave hacia las alturas.

 

– Aquí Kerong, danos un minuto y estamos contigo. ¿Quieres unirte a la fiesta? Aún quedan culos piratas que patear. – La risa del piloto resonó por toda la nave.

 

– Negativo. Seriamos más un estorbo que una ayuda, hemos recibido daños y necesitamos reparaciones.

 

– A ver Señoritas, a charlar a la plaza. –Aleninja se sumó a la conversación sonando con cierta sorna. Starlion y yo nos reímos animosamente al escuchar la voz de nuestro amigo. Ale había sido uno de nuestros hermanos de armas cuando comenzamos como Cadetes en las fuerzas imperiales, que demonios, prácticamente todos los que escuchábamos por la radio en estos momentos lo eran. Estábamos en buenas manos.

 

– Tengo a uno en la cola. – La voz de otro piloto sonó concentrada mientras pedía apoyo.

 

– Vamos en tu ayuda. –Dijo Scott. – Palazo, conmigo. Ayudemos a Ender. – Y así continuaron las comunicaciones durante lo que duró el resto del combate y mientras nosotros nos alejábamos.

 

*

 

Después de la batalla, varios piratas consiguieron escapar con el rabo entre las piernas. Nosotros fuimos rescatados y se le hicieron unos apaños a la Scout de Starlion. Por mi parte, me trasladé a la nave que comandaba Kerong, mas por cuestiones de comodidad y de espacio que por otra cosa. No es que no aprecie un buen compartimento de carga lleno de herramientas, armas y repuestos, pero que queréis que os diga, donde se ponga una buena cama en un camarote y una ducha caliente, que se quite todo lo demás.

 

El grueso del escuadrón siguieron a los piratas restantes en su huida, el resto aterrizaron junto a nosotros. Al alejarnos describimos una trayectoria curvilínea que nos alejaba al principio de tierra y del conflicto para luego tomar tierra a bastante distancia, así que aquel se convirtió de nuestro punto de encuentro.

Junto al dañado Scout se encontraba la inmensa fragata, y dos de los patrulleros. La nave más cercana era también la más grande de las tres, vista desde nuestra posición parecía no tener fin. Sus líneas eran estilizadas, se alejaban horizontalmente formando curvas casi imperceptibles desde la parte frontal hasta los motores. En cambio, si uno la miraba desde una posición cenital emulaba a la punta de una lanza, partiendo desde la punta y ensanchándose hacia popa donde describía una suerte de alerones sobre los enormes motores.

Por otro lado, los dos patrulleros eran bastante más pequeños en comparación con aquella bestialidad. Pero su aspecto amenazante, aerodinámico y compacto, te hacían recelar del potencial oculto bajo su casco. Ambas eran temibles naves de combate.

 

Descendimos de la nave, y vimos como de las tres naves aparecían sus respectivos comandantes. Algunos de los tripulantes bajaron y se colocaron en las cercanías montando guardia. Las tres figuras caminaron con paso firme y seguro en dirección a nuestra posición, apenas unos cincuenta metros más al oeste.

Un grupo de hombres salió de la Anaconda con un vehículo, por lo que se podía ver cargaban con material para reparaciones.

 

El más alto se adelantó y se quitó el casco, Athan había envejecido, no en el sentido más literal. Su mirada parecía portar una carga invisible y a pesar de su leve sonrisa, reconocí las cicatrices que las muchas batallas habían surcado en su alma. En su día fue nuestro líder de ala, no porque fuera mejor o más ducho en la estrategia o en las maniobras, sino por la paciencia que mostraba y su capacidad para enseñar a los novatos. El mismo fue mi guía durante mi instrucción y por eso y por mucho más, le respetaba.

El resto hicieron lo propio y se quitaron sus respectivos cascos.

Aleninja lucía una espesa barba, bajo la cual se podía ver una sonrisa lobuna. Aquellos ojos desprendían astucia y parecían estar siempre maquinando.

Después de nuestro paso por la armada imperial, Ale fue seleccionado para la Inteligencia, realmente tenia cualidades para ello. Siempre iba un paso por delante del resto.

El tercero en discordia era Kerong, comandante de la Anaconda. No solo había servido con el resto de nosotros en el la flota imperial, sino que además éramos originarios del mismo sistema. Uno vivía en un planeta y el otro en un planeta vecino, a pesar de esto fue cuando nos alistamos cuando realmente nos conocimos.

Entre las gentes de un mismo lugar existe algo impreso en sus seres, algo que les hace empatizar con sus compatriotas. En nuestro caso pasaba lo mismo, a pesar de que existía una competitividad entre el pueblo de su planeta y el mío.

 

– ¿Seguís de una pieza? – Dijo Athan- Llevábamos varios días tras la pista de este grupo pirata. El General nos envió a patrullar una ruta de comercio que estaban usando nuestros convoyes para abastecer a nuestro grupo. Éstos recibieron varios ataques a lo largo de estas semanas atrás. Ha sido una suerte que os encontráramos.

 

– Pero, ¿Cómo habéis llegado tan rápido? –Aún seguía dándole vueltas a esa pregunta desde que irrumpieran en el desfile de nuestros amigos piratas.

 

– Eso tiene gracia -dijo Kerong- llegamos a este sistema para ofrecer apoyo a uno de nuestros convoyes y recibimos una visita de los pilotos de elite de nuestra querida princesa. Intentamos ser amables, en realidad no buscábamos pelea pero no nos dieron opción, así que les dimos una buena dosis de nuestra medicina y les hicimos correr a casita.

 

– ¿estáis locos? –Starlion parecía descompuesto tras la noticia.

 

-¡Nos atacaron primero! –Vi la frustración y la rabia presentes en la cara de Athan, hizo una pausa para recobrar la compostura y continuó. – Nosotros seguimos a Arissa como el que más, pero de ninguna manera vamos a permitir que se nos insulte en nuestra cara. Como te he dicho antes ellos atacaron primero, y mientras yo esté presente no pienso permitir que se dañe a los míos. ¿Entendido?

 

– Lo siento Athan, tienes razón. –la vergüenza brotó en los carrillos de Starlion. – En realidad comparto lo que has dicho.

 

– Amigos, no es por aguar la fiesta pero, tenemos trabajo que hacer. – dijo Ale.

 

– Cierto. –dijo Athan. -Y vosotros, ¿habéis recibido el disco?

 

– Si –dije – Tenemos la ruta, o al menos la tenía en mi nave. Pero como habrás deducido ahora forma parte de la decoración de este planeta. Es más, ahora que lo pienso, necesito que me lleven.

No te lo tomes a mal Maestro, pero necesito una ducha urgente, tengo mocos de bicho por todo el cuerpo y debo oler a tigre.

 

La risa profunda y sincera de Starlion resonó por toda la hondonada, contagiando al resto de mis amigos. Después de un rato haciendo reparaciones, la Scout ya estaba lista para continuar con su viaje y yo listo para tirarme en plancha a una cama.

 

– Kerong, ¿me voy contigo? – dije con tono de súplica. Éste se echó a reír, tras lo cual me hizo un gesto con la mano animándome a acompañarle.

 

– Nos vemos al final del viaje. – Dije a mi corpulento amigo mientras estrechaba fuertemente su mano.

 

– Excelente, excelente – respondió.

 

– Síguenos de cerca, no me apetecen más sorpresas lo que resta del viaje. Me di la vuelta y avancé hacia la rampa de entrada a la nave.

 

 

*

 

Salí de mi compartimiento y me dirigí a la zona destinada a los aseos y duchas. Al llegar accioné la puerta y esta se abrió ante mí haciendo un sonido seseante. Entre casi sin alzar la vista, inmerso en mis pensamientos. En una de las duchas había alguien, supuse que algún tripulante. Coloqué mis cosas sobre un banco y una vez desnudo me dispuse a meterme en una de las duchas.

La mampara de polímero transparente que había ante mí se abrió de repente y quede petrificado al instante allí donde estaba.

La figura que se dibujaba ante mí, apareciendo de entre el vapor y brillando por la humedad, hizo que las funciones de mi cuerpo se disparataran.

La joven era alta, tenía sus brazos alzados mientras se masajeaba la cabeza. Los mechones de cabello de color del fuego fluían entre sus dedos, cayendo hasta la curva de la espalda. Su rostro era esbelto, de pómulos altos y mejillas sonrojadas. Sus labios eran color carmín, la boca en si era capaz de doblegar al más valiente. Sus ojos azules me miraron directamente, analizando cada milímetro de mi alma.

Debo admitirlo, no fui capaz de apartar la mirada. Ella no pareció alterarse lo más mínimo. Mientras tanto mi corazón hacia un solo de batería, bombeando toda la sangre que era capaz hacia mí entre pierna. El aliento se me escapaba de los pulmones y no era capaz de articular palabra. Debía presentar una estampa ridícula, allí plantado en medio y jurando por la patria.

Sus pechos firmes se movieron cuando cambió la posición equilibrando el peso. Las gotas de agua resbalaban por los senos y luego saltaban al vacío desde los sonrosados pezones, que a primera vista parecían estar duros.

El contorno de su figura descendía en unas suaves curvas, mostrando la sensualidad de sus caderas, que frente a mi descubrían el vello del pubis. Aquellas piernas largas terminaban de completar a la perfección hecha mujer.

 

Ella me volvió a mirar de arriba abajo. Fijó su mirada en mis ojos, y mostró una sonrisa pícara mientras pasaba a mi lado.

Yo me quedé petrificado sin saber que decir mientras ella se dirigía a la salida

 

¿Pero qué coño me pasa? ¡Reacciona Jhulls!

 

La chica recogió sus cosas y salió sin decir nada. ¿Quién era esa chica? ¿De dónde salió? Entre en la ducha y me odié a mí mismo un rato.

 

Aquella noche dormí como un tronco, tenía un cansancio acumulado de mil pares de demonios. Eso sin contar con todos los golpes que ahora parecían recordarme su presencia.

La cama de me pareció en aquel momento el lugar más cómodo de la galaxia. Estaba rendido.

 

*

 

Comandante Jhulls, acuda al puente de mando.

 

El sonido hizo que me despertara de un salto, no sabía cuánto tiempo había dormido, pero me sentía como nuevo. Rápidamente me levante, me puse la ropa limpia que amablemente me habían prestado y me dispuse a ir al puente.

Avancé fresco como una lechuga por los pasillos de la nave, crucé un par de bifurcaciones y finalmente llegué al puente.

Al cruzar la puerta que limitaba la entrada al mismo, me recibió una oficial que reconocí al instante.

 

– Bienvenido Comandante Jhulls, ¿Cómo se encuentra? – La voz de la joven era dulce y melodiosa. Precisamente como me la imaginaba. – Soy la Teniente Page.

 

– Ah, ah – En serio, ¿no era capaz de articular ni una sola palabra ante ella? Que alguien me golpee.

 

– ¿Te vas a quedar ahí pasmado? –Kerong se estaba aguantando la risa. – Anda, siéntate a mi lado y mira esta belleza.

 

Me acerqué al asiento del copiloto, que me cedió su puesto y contemple a través del mamparo. Señalando al frente, Kerong me mostro una estación orbitando un planeta acuático en fase de terraformación.

 

– Hogar, dulce hogar. –Dijo – Bienvenido a nuestro sistema.

Jhulls

Gamer, Cinefilo, aficionado de la literatura fantástica y los juegos de rol, con ciertas habilidades para el dibujo, me adentro en el mundo de los relatos cortos para el disfrute de mis camaradas Centinelas.