Capítulo 6 – Susurros en la oscuridad.

Atravesamos la rampa de atraque tras el aterrizaje. La tripulación al completo, llegaba a la estación Rosseland Orbital tras una campaña que había durado casi una semana.

Las misiones de búsqueda y captura no es que fueran fáciles, además,  había que realizar un trabajo de seguimiento, haciendo paradas en estaciones, espaciopuertos, puestos avanzados de prospecciones y demás para indagar entre los pilotos, ingenieros, etc.

Los piratas, forajidos, delincuentes y demás chusma galáctica eran escurridizos, y era necesario tener ciertas habilidades y algún que otro truco bajo la manga, para hacerlos salir de debajo de la piedra en la que estuvieran escondidos.

Mis compañeros eran excelentes cazarecompensas, pero su misión había durado más de la cuenta.

 

Y ahí venia otra vez, mi instinto me estaba alertando de que algo no encajaba en todo aquel asunto.

 

Conozco a mi gente, he volado junto a ellos innumerables veces y sé cómo trabajan, cuando se empeñaban en encontrar el rastro de un objetivo, no había asteroide en esta galaxia tras el que ocultarse.

En fin, puede que me esté volviendo paranoico con los años.

 

– ¿Cuánto tiempo os quedareis por aquí? – formule la pregunta tratando de disimular, mientras dirigía una mirada furtiva por encima del hombro a la Teniente Page, que caminaba junto a otros miembros de la tripulación del Comandante Kerong.

 

– Un par de días a lo sumo. Tenemos la tarea de patrullar las fronteras con nuestro sistema, el General ha insistido en ello.

 

– ¿Qué opinas de todo esto? Ha sido una jugada un tanto arriesgada, incluso para el General. Ya viste como reaccionó el senado.

 

– Lo se Jhulls, pero algo me dice que el hecho de que la princesa enviara esas tropas, tiene más que ver con el temor a una traición. La balanza está demasiado igualada en la sucesión al trono, y Arissa tiene enemigos dentro del senado.

 

– Pero el General siempre fue fiel a la familia imperial, que demonios, era amigo del emperador. Y no solo eso, tengo entendido que Arissa le tenía mucho apego, esa clase de apego que se le tiene a un tío que viene a casa un domingo con un regalo sorpresa a la espalda. – Nos acercamos a puesto de control, donde varios oficiales de seguridad de la estación solicitaban identificación y demás documentos a los que llegaban. Allí confluían varios corredores que conectaban con varias plataformas de atraque.

 

– Mira, el General ha venido a recibirnos. –dijo Kerong indicando con el brazo extendido. –Ahora tendrás oportunidad de hablar personalmente con él.

 

Los guardias que nos pidieron la identificación llevaban un uniforme oscuro, azul marino, o tal vez color negro, con la luz del lugar era difícil saberlo. También llevaban un parche con un escudo en el pecho, cerca del corazón, en el cual podía leerse Escuadrón Centinela.

El escudo era el mismo que lucían las naves del grupo que nos había rescatado de los piratas en aquel planeta rocoso. Era de color rojo escarlata y blanco, los contornos níveos tenían un ligero reflejo plateado, algo similar el nácar. Su forma era circular, en su interior podían verse un planeta con anillos a la derecha de cinco estrellas, bajo las cuales tres cazas de combate pasaban dejando una estela. Una estrella asomaba en la parte inferior de la esfera que conformaba el emblema.

 

– No es necesario Tim, déjales pasar. Son viejos amigos. –dijo el General avanzando hacia nosotros con una sonrisa entrañable en su cara.

 

– Sí, señor. –el hombre se hizo a un lado.

 

– Jhulls, este es mi jefe de seguridad, Timothy Lecci. –El General puso una mano sobre el hombro del guardia y dio un par de palmaditas amistosas. –No te dejes llevar por su aspecto, es un cachito de pan, aunque tenga el ceño fruncido todo el día.

 

– Gracias por recibirnos General. –dijo Kerong. –Si me disculpan, aún tengo trabajo por terminar y Athan necesita los informes de la misión. Nos vemos más tarde.

 

– De acuerdo, ve tranquilo. Yo acompañaré a Jhulls.

 

– Oh, descuide Señor, no quiero robarle mucho tiempo. Tan solo esperaba hablar con usted en privado unos minutos, y luego tenía la intención de alquilar una habitación y tal vez, dar una vuelta y explorar un poco por ahí. –Después de tanto tiempo casi había perdido la costumbre del protocolo militar. Mientras andamos, el general sonreía, parecida complacido con mi compañía, o al menos, de tenerme allí.

 

– No es necesario que alquiles habitación, Jhulls. Hemos dispuesto un lugar en el que podrás hospedarte, así como un código identificativo con el que tendrás acceso de clase A en toda la estación.

 

Atravesamos un pórtico que daba a un enorme corredor. Todo a lo largo había indicaciones que indicaban y recordaban a todo el que caminase por allí, donde se encontraba y hacia donde se dirigía.

Así mismo, cada poco era posible encontrarse con una terminal holográfica, desde donde podías acceder no solo a la Galnet, sino a un “guía”. Se trataba de una entidad holográfica que poseía una potente IA, capaz de mantener una conversación y de recomendarte locales donde comer o un buen lugar donde darte un masaje. El guía te asignaba un marcador mediante el cual realizaba un seguimiento gracias a tus señales bioeléctricas, así podías acceder al guía holográfico en cualquier terminal tan solo con acercarte a ésta.

Cientos de personas iban y venían. Mientras me adentraba en las entrañas de aleación de aquella gigantesca mole que era Rosseland Orbital, me hizo ser consciente de la increíble proeza que era poner una de aquellas ciclópeas estaciones en el espacio.

Más allá de lo que se pudiera pensar, la estación en su interior era luminosa y desprendía cierta aura de paz y prosperidad. Allí la gente trabajaba, vivía y prosperaba.

 

– Hace meses que estamos trabajando en este proyecto. –Dijo Lorenzo Lara acompañando sus palabras con el movimiento rítmico de su mano, como si acentuara cada frase, cada palabra. –Lo cierto es que llevo bastante más tiempo meditando sobre la situación del imperio, sobre la situación de la Galaxia.

 

– Entiendo a lo que se refiere, yo también noto que algo no va bien, algo no funciona y “estamos atados por la burocracia”. –Esta última frase la dije casi de memoria, pues aun recordaba las largas charlas que manteníamos cuando servíamos bajo su mando en la armada imperial. Tal vez su sueño tuvo la capacidad de calar hondo en mi corazón. El viejo General, se detuvo un instante y me miró con una sonrisa triste.

 

– Exacto, estamos atados por la burocracia. Algo en nuestro imperio no funciona y la muerte del Emperador es una señal clara, de la enfermedad que padece nuestro sistema. Empezando por el senado y terminando por la comandancia de la armada.

– Señor, quien le escuche fuera de contexto podría acusarle de traidor. –dije mientras reía.

 

– Escúchame Jhulls, estoy cansado de escuchar eternos discursos en el senado y fuera de él. Escusas y más escusas que tratan de ocultar la ineptitud de viejos fósiles vivientes, que nos controlan sin tener ni puta idea de lo que es el campo de batalla. Esos vejestorios no han visto las lágrimas derramadas por una pequeña niña al perder a sus padres por los bombardeos, no saben lo que es ver la devastación causada por saqueadores, no saben lo que es ver morir a los amigos delante de tus ojos…

Estoy harto de hablar y no conseguir nada. Basta de palabras, debemos actuar y ahora es el momento.

 

Frente a nosotros había un elevador, el General pulso el panel táctil para llamarlo y tras unos instantes se abrieron las puertas. Entramos y casualmente estábamos solos.

 

– Al nivel cuatro por favor. –dijo Lara de manera mecánica.

 

Nivel cuatro.

 

El ascensor comenzó a moverse suavemente y tomó velocidad. Apenas unos segundos después se abrieron las puertas y salimos. Recorrimos un largo trecho hasta que llegamos a una puerta con el número doscientos treinta y cuatro. El General abrió la puerta con una tarjeta magnética y luego me la entregó. Entramos.

 

– Este será tu hogar si lo deseas. ¿Recibiste el disco? –Me miró fijamente.

 

– Si, aquí lo tengo. Curiosamente es de las pocas cosas que ha sobrevivido al viaje hasta aquí.

 

– A estas alturas ya tendrás una idea formada de lo que estamos construyendo aquí, al menos parte de lo que este proyecto es. Pero ahora te voy a contar el resto.

Como te dije antes, algo no funciona en el imperio y como bien sabes no soy de los que se quedan sentados a verlas venir. En un principio traté de llevarlo lo más secretamente posible, por eso pedí ayuda a gente que fuera de confianza. Aleninja y Starlion fueron clave en esta parte.

Teníamos que manejar mucha información y no podíamos permitirnos que cayera en malas manos o todo se iría al traste.

 

– Entiendo que fue una operación complicada, ¿pero cuál era la finalidad de todo esto? –dije.

 

– Muy sencillo Jhulls, lo que aquí estamos creando son soluciones. Si, tal cual. Soluciones a todo lo que no está funcionando.

 

Mi rostro permaneció estático durante un rato, aun no conseguía entender el conjunto, y odiaba no entender lo que se proponía.

 

– Os estoy reuniendo para formar un Escuadrón, –Hasta ahí lo había pillado, pero permanecí callado a espera de más información. –No solo un escuadrón sino un grupo, una comunidad, todos trabajando eficientemente y en una misma dirección. Está claro que el imperio se adolece de una enfermedad y pretendo que seamos la cura.

 

– ¿Quiere decir que esta estación?… –No pude evitar el asombro por lo que aquello podía significar.

 

– En efecto, ésta estación está bajo mi mando y a efectos prácticos pertenece al Escuadrón Centinelas. La estación está situada en un lugar privilegiado del sector habitado de la Galaxia. Desde aquí, tenemos una perspectiva global del flujo del juego de poder que se está fraguando ahora mismo. Estamos lo suficientemente alejados para no ser blanco de los enemigos del imperio. Además, esta misma distancia nos permitirá centrarnos en nuestro proyecto sin perder de vista lo que ocurre en el Imperio.

 

– Pero, ¿Qué tendrá que decir a todo esto la princesa Arissa? Hasta donde se usted era uno de sus más acérrimos partidarios. –Si la princesa se enteraba de toda esta operación y se oponía, nos borraría del mapa de un plumazo.

 

– Respecto a eso –Lorenzo Lara se sentó en uno de los sillones que había en el recibidor y se recostó. –no sé si sabes, que recientemente la flotilla liderada por Athan tuvo un encontronazo con un grupo de elite enviado por la princesa. Tenían la misión de interceptar a los convoyes que se dirigían hacia aquí, pues como bien sabes era de esperar que alguien se percatara del movimiento de tantas naves.

 

– Si, escuche a Starlion y Athan discutir al respecto.

 

– Pues bien, hemos llamado la atención no solo de la princesa, sino de todo el imperio. Por esto he decidido dar la cara y enfrentarme al asunto. He dispuesto una reunión a puerta cerrada con Arissa y espero llegar a un acuerdo con ella. –Su mirada irradiaba determinación. El General era único a la hora de hacer posible lo que se proponía. Si hablaba con la princesa sin la influencia de consejeros y demás sanguijuelas, lo más probable es que la convenciera sobre su punto de vista.

 

El General se levantó del sillón, y se dirigió a la puerta. Tras abrirla, se giró y me miró sonriente.

 

– General.

 

– ¿Dime hijo?

 

– Basta de palabras, es hora de actuar. –alce la voz casi entonando un grito de batalla mientras me cuadraba y hacia el saludo militar.

 

Lorenzo Lara sonrió de oreja a oreja mientras daba golpecitos al dintel de la puerta.

 

– Me alegra tenerte aquí, Jhulls. Descansa, tenemos mucho trabajo por delante.

 

La puerta se cerró tras él y yo me dispuse a acomodarme en la que a partir de ahora sería mi casa.

 

 

*

 

Decidí que era hora de ir a dar una vuelta y ver si había algún lugar en aquella estación en el que tomar una copa. Me la merecía. Después de todo lo que había vivido en los últimos días ¿Qué menos?

Así pues comencé mi exploración. La estación prevista con todos los servicios que podía necesitar una construcción de tales magnitudes. Anduve durante un largo rato hasta que tome la decisión de que ya había vagado sin rumbo el tiempo suficiente, así que me acerque a una terminal holográfica e introduje mi código.

 

Saludos Comandante Jhulls. Soy Ari, tu guía.

 

Una bella joven con el pelo recogido en una cola de caballo se proyectó ante mis ojos. Sonrisa en ristre y cogiéndose las manos como una niña buena en su primer día de colegio.

 

– Hola Ari. ¿Podrías decirme dónde puedo tomar un trago?

Por supuesto, continúe hasta los jardines Victoria y luego tome el ascensor hasta el sector dos. Luego siga las indicaciones que le conduzcan hasta el “Insomnia”.

 

-Insomnia, ¿eh?, interesante. –No sé porque pero se me venía a la mente imágenes de fiestas nocturnas sin fin y sin límite en excesos. ¿O no? –Gracias Ari, ha sido un placer.

 

De nada Comandante. Estoy para servirle.

 

Hice caso de las indicaciones que me dio Ari y conseguí llegar relativamente fácil al club. Efectivamente, me encontré con algo muy parecido a lo que me había imaginado. Un local bastante grande, con ambiente un tanto oscuro, con luces parpadeantes de mil colores y mucho pero que mucha luz negra. La música estaba a un volumen lo suficientemente alto para que al hablar al camarero tuviera que alzar la voz. Había mucha gente, gran parte bailando, otros tantos en mesas que bordeaban el local y el resto en la barra o cerca de ella.

Me acerqué a la barra, pedí una copa y di media vuelta para mirar a la marabunta. Fue entonces cuando la vi, con el aura etérea que la rodeaba. El cabello rojo se tornaba de tonos indescriptibles bajo las luces del local y sus movimientos parecían hechos para la rítmica música que sonaba. La Teniente Page parecía haber conseguido que todo a su alrededor se ralentizara, casi como si el tiempo se hubiera parado para verla pasar.

Se acercó hacia mí, con un vaso de tubo en las manos mientras chupaba por una cañita el contenido de este. Mientras se acercaba pude ver asomar una sonrisa felina en su cara.

 

– Hola. –Me dijo cuándo la tenía a escasos centímetros de mí.

 

– Hola, ¿Qué tal la noche? –Muy bien Jhulls, una frase entera. Te vas superando.

 

– Bien, hemos venido casi todos los de la tripulación excepto el Comandante. Pero lo cierto es que comenzaba a aburrirme, hasta que te he visto. –Su sonrisa se amplió mostrando sus dientes perfectos, que brillaban bajo la luz negra. Por alguna razón me recordó al gato de Alicia en el país de las maravillas.

 

– Vaya, me alegra escuchar eso. ¿Quieres otra copa? Así tal vez pueda disculparme por la incómoda situación en las duchas. –La sonrisa se transformó en una risa melódica que la hacía más adorable si cabía.

 

– Eres un encanto. ¿Aun sigues traumatizado por eso? Aunque pensándolo bien, puede que seas el único hombre en la galaxia que no aprovecha una situación como aquella.

 

– Oh, gracias, eso me ayuda mucho. –Dije sarcástico. Y ahí volvía otra vez, la vergüenza afloraba en mis mejillas. Menos mal que las luces de colores me ayudaban en mi camuflaje táctico.

 

– Si te sirve de consuelo, eso te hizo más atractivo. –Soltó la bomba y se acercó a la barra para pedir su nueva bebida, mientras yo me giraba y me colocaba a su lado intentando no sonreír.

 

– Por cierto, ¿Cómo te llamas? –Intenté parecer casual.

 

– Me llamo Danah.

 

Sin darme cuenta la estaba mirando directamente a los ojos, como hipnotizado. Ella sonreía, y por un milisegundo me dio la impresión de que esperaba algo. ¿Quizás quería que me acercara y la besase? No creo.

Gire la cabeza y di un trago largo tras lo cual me volví de nuevo hacia ella.

 

– ¿Te apetece hacer algo? No sé, quizás podríamos sentarnos en una de esas mesas mientras tomamos la copa.

 

– Tengo una idea mejor –dijo como si se le hubiera ocurrido algo divertido. -¿Por qué no salimos fuera y damos un paseo por los jardines?, sé que no están lejos y así no tenemos que estar alzando la voz constantemente, ¿qué te parece?

 

– Me parece perfecto. –dije.

 

Nos cambiaron los vasos de cristal por unos de plástico y salimos del local. Hacía poco rato que había hecho aquel camino así que no me fue difícil deshacer mis pasos para llegar a los jardines Victoria. Durante el camino mantuvimos una conversación ligera, sin importancia, temas sobre nosotros del tipo de ¿Qué música te gusta? O ¿Qué tipo de comida prefieres?, cosas por el estilo.

Pronto llegamos a los jardines, estos tenían una cubierta trasparente que simulaba el cristal, tras el cual se podía ver el espacio exterior y las estrellas. Precioso.

En el lugar no es que hiciera frio, pero tampoco se podía estar mucho rato en manga corta. Ella sin previo aviso me agarro del brazo.

 

– ¿No es precioso? Toda esta belleza creciendo a solo unos metros del vacío del espacio. –Hablaba en voz baja pero audible, casi como si entonase una letanía o un hechizo que preservase la belleza de aquel lugar.

 

– Si, lo es. –Dentro de mi pensaba en su belleza más que en la de las estrellas o las flores que nos rodeaban. Estaba disfrutando cada segundo del contacto de sus manos.

Me giré, la mire a los ojos y me acerqué lentamente.

 

– Perdóname, pero teniéndote a mi lado no veo más belleza que la tuya. –La besé como no recuerdo haber besado a nadie. Aquellos labios me llevaron al centro mismo de la galaxia y me trajeron de vuelta en un suspiro. Mi pecho se llenó de fuego cósmico que chisporroteaba desde lo más hondo de mi ser, subiendo hacia arriba. Nos fundimos durante un momento efímero, en aquel beso lleno de pasión.

 

 

De pronto, toda la magia desapareció. Escuchamos unos pasos apresurados cerca de nosotros y una discusión comenzó.

 

– No puedes retrasar más tu misión. –Dijo la voz de un hombre que sonaba suave pero que escondía una ira profunda, de un hombre joven tal vez. Hablaba bajo, cauteloso y como con temor a ser escuchado. – ¡Tienes que actuar ya!

 

– No me metas prisa, se cómo hacer mi trabajo. –La voz del segundo hombre me era tremendamente familiar. Se me heló la sangre al oír aquel timbre de voz tan característico. Aquel hombre sonaba como el tono bajo que emite un lobo que rodea a su presa antes de atacar y matar. No podía ser, Aleninja. ¿En que oscuro asunto estaría metido?

 

Danah apretó mi brazo y me miró en un gesto que lo decía todo.

 

– ¿Qué ocurre Jhulls? –dijo.

 

– Me acercaré un poco más, tengo que averiguar que ocurre. –Me separé de ella y avancé con todo el sigilo del que era capaz.

 

Crucé la corta distancia que me separaba de un frondoso follaje que rodeaba a un pequeño árbol. Agachado y paso a paso, me acerque todo lo que pude hasta que casi los tenia a la vista. Pero no quise arriesgar más, me quedé allí agachado y escuchando.

 

– Mis jefes se están impacientando, y se nos acaba el tiempo, no podemos seguir teniendo estas reuniones furtivas. –La voz del hombre joven denotaba urgencia.

 

– Deja de preocuparte Omed, lo tengo todo previsto. Pero debes entender que no es fácil pillar solo al General Lara. –dijo Aleninja mientras se acercaba al lugar en el que me ocultaba. Se me aceleró el pulso, contuve un acceso de tos y di unos pasos hacia atrás. Pero como si no hubieran escuchado nada continuaron con la discusión.

 

– ¡No vuelvas a decir mi nombre! Acaba con la vida del General y acordaremos un lugar donde te reunirás con mis jefes para recibir el pago. Siéntete privilegiado, no todo el mundo llega a conocerles. –Una serpiente no sonaría más venenosa.

 

– De acuerdo, Omed Otsira. –La risa grave de Aleninja hizo que se me pusieran los pelos de punta.

 

– Te arrepentirás de esto, te lo juro.

 

Escuché como se ponían en marcha y temí ser descubierto si se dirigían hacia mi posición. Rápidamente me moví entre los matos de los jardines hasta recorrer cierta distancia. Vi una roca alta tras la cual me podía ocultar, y de un salto fui a parar detrás de ésta. Busqué con la mirada Danah. Ella se había ocultado detrás de un rosal y me hacía señas y gestos. No entendí una mierda.

Le hice un gesto con la mano, intentando decirle que esperara.

Afortunadamente los pasos se alejaron y yo eche una carrera aun agachado hasta la posición de ella.

 

– Tengo que irme, algo grave va a pasar si no lo impido. –Dije con la voz entrecortada por la respiración agitada.

 

– ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué escuchaste? –Parecía confusa y un poco aturdida.

 

– Pretenden matar al General Lara.

 

– ¡¿Que?!

 

– ¡Debo irme ya, llama a Kerong! ¡Dile que avise seguridad! –Salí corriendo en la dirección que había escuchado alejarse a Aleninja con la esperanza de poder detenerlo antes de que cometiera semejante traición. ¿Por qué hacía esto? ¿Acaso todo lo que habíamos vivido juntos no significaba nada? No podía ser por el dinero, no podía estar vendiendo la vida del que fue como nuestro padre por unos créditos. Da igual los millones que me ofrecieran, jamás haría semejante atrocidad.

 

Atrás dejé a Danah, con cara de no entender nada. Espero pueda perdonarme que la dejase allí tirada, pero esto era de vital importancia.

Corrí como alma que lleva el diablo, casi hecho los pulmones por la boca y el pecho me quemaba como hierro al rojo.

Atravesé los jardines y llegue a un corredor que conducía a un ascensor. Justo en ese momento me percaté de que no tenía encima mi arma. Maldita sea

Cuando llegaba al ascensor las puertas se estaban cerrando y no logré alcanzarlo para detenerlas. Aleninja me llevaba ventaja, no llevaba mi arma y no tenía ni idea de donde iría a parar.

 

Piensa Jhulls, piensa.

 

En ese instante recordé a la simpática guía holográfica, Ari. Claro, eso es. Eché a correr en busca de una terminal holográfica. No tuve que buscar mucho, la estación estaba llena de ellas.

 

– Ari, ¿estás ahí?

 

Hola Comandante Jhulls. ¿En qué puedo ayudarle?

 

– Necesito que encuentres a alguien por mí, necesito que me digas donde está el General Lorenzo Lara.

 

Lo siento Comandante. Ese tipo de información requiere un código de seguridad.

 

Maldita sea la maquinita de los demonios. Esperemos que el código que me dieron sea suficiente. Tecleé el código en el panel holográfico de la terminal y recé para que el General tuviera la suficiente confianza en mí cuando me lo dio.

 

Código aceptado. El General Lorenzo Lara se encuentra actualmente en sus aposentos.

 

– Mil gracias Ari, ahora necesito que me digas donde está Aleninja ahora mismo. –Por favor, por favor que el código me sirva para esto también.

 

El individuo con nombre en clave Aleninja se encuentra actualmente en el corredor cinco B, del sector cuatro.

 

– ¿Puedes mostrarme un mapa holográfico de la situación de ambos?

 

Por supuesto.

 

Ante mí se proyectó un mapa tridimensional de una sección enorme de la estación, en la cual se mostraban las plantas una por una. Allí marcados como puntitos estaban Aleninja y el General. Aleninja estaba haciendo algún tipo de rodeo, quizás tenía algo planeado. Tal vez para tapar sus pasos.

Eso me daba tiempo para actuar, así que decidí prepararme. Lo primero era conseguir un arma, de ninguna de las maneras me iba a enfrentar a Ale desarmado. Por muy amigo que fuéramos en el pasado, si a alguien se le cruza el cable es capaz de matar hasta al ser mas querido.

 

– Muéstrame donde está la armería más cercana, Ari. –Otro puntito más apareció en el mapa, mostrando el lugar. –Cuál es la ruta más rápida para llegar a la armería y luego a los aposentos del General.

 

Una línea de puntos se dibujó en el holograma mostrando un caminito que conectaba mi posición, la armería y la habitación del General. Dios, adoro a esta IA. Me pediré una por Navidad.

 

Nuevamente puse a prueba la eficacia de mis piernas y pulmones. Y nuevamente me demostré a mí mismo que necesitaba hacer más ejercicio. Tuve que hacer varias paradas para no ir masticando mi corazón. Tras un rato conseguí llegar a la armería, y por supuesto tenia a un guarda de seguridad custodiando el lugar.

El joven me miró de arriba abajo, debía dar un aspecto penoso. Chorreaba de sudor y apenas podía decir dos palabras.

 

– Nece…  sito… acceder… a la armería. –lo intente lo más dignamente posible.

 

– No. –apenas levanto la vista para contestarme y luego continuó leyendo. Mierda. Di un golpe a la ventanilla tras la cual se encontraba el joven, que tenía toda la pinta de ser un adicto al gimnasio y le di el código.

Tras unos eternos segundos, el joven me miró decepcionado y abrió la puerta.

 

– Debe declarar lo que recoge y firmar aquí. –Estos jóvenes siempre tienen que tener la última palabra.

 

Salí a toda prisa en dirección a los aposentos del General. Juro que corrí todo lo que mi maltrecho cuerpo me permitió. Incluso salieron a la luz las lesiones en la espalda que había recibido en el planeta hogar de los bichos demoniacos mutantes.

 

El corazón me dio un vuelco, cuando crucé el último recodo. La puerta del General estaba abierta, esprinté los últimos metros hasta colocarme bajo el marco de la puerta.

La estancia ante mi estaba en penumbra, pero podía ver claramente las formas que se perfilaban en el centro de aquel lugar.

 

Un cuerpo yacía tumbado en el suelo y una figura esbelta y amenazante estaba justo al lado apuntando lo que parecía un arma pequeña al cadáver inerte.

 

– ¡NO! –bramé con todas las fuerzas que me quedaban. Aleninja giro la vista hacia mí. No debía esperar mi presencia pues desde donde estaba logre ver como sus ojos de abrían de par en par. Lo que siguió a continuación fue el infierno salido del cañón del arma reglamentaria que había cogido en la armería.

El lugar estaba muy oscuro, y solo vi como entre destello y destello de mis disparos, Aleninja se movió como una escurridiza sombra. Rápido como la muerte, escapó por un ventanal que daba a los jardines Victoria en una caída libre de unos treinta metros.

Estaba casi seguro de que al menos tres disparos alcanzaron su objetivo. Me daba igual, Lorenzo Lara estaba tirado ante mí, frio como un tempano. Muerto.

Jhulls

Gamer, Cinefilo, aficionado de la literatura fantástica y los juegos de rol, con ciertas habilidades para el dibujo, me adentro en el mundo de los relatos cortos para el disfrute de mis camaradas Centinelas.

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