Prologo.

Capitol, Achenar. 20 de abril del 3301

 

El día era gris y llovía a cantaros. El sonido de la lluvia se contrastaba con el de los motores del transporte planetario, aquel era un vehículo oficial destinado exclusivamente al servicio altos cargos políticos, mandos de la armada imperial y personalidades de la alta nobleza.

El deslizador aéreo se desplazó avanzando a través de la jungla de metal y cristal que era aquella ciudad, que ahora se tornaba sombría bajo la lluvia constante. Edificios gigantescos se perdían en el cielo como lanzas plateadas, brillantes y esbeltas. Ascendían entre las nubes alcanzando alturas inimaginables, desafiando toda lógica y reclamando orgullosas su lugar en el cielo.

Lentamente recorrió la ruta establecida hasta llegar al que posiblemente fuera la construcción más bella de Capitol. El vehículo dibujó un semicírculo en el aire para posicionarse correctamente en la zona destinada para el aterrizaje mientras desplegaba las patas articuladas, que le daba cierto aspecto de insecto.

Se abrieron las puertas, y del interior salió un hombre mayor, tenía el pelo gris plata, era alto y de porte orgulloso. Sus ojos eran azules y poseían una mirada capaz de leer el alma. Su rostro marcado por el paso de los años no hacía más que potenciar el carisma que desprendía su presencia. Iba ataviado con el uniforme de gala de la armada imperial y en su pecho lucía un gran número de condecoraciones.

Frente a él, esperaba un hombre de mediana edad vestido elegantemente y una escolta de dos soldados que esperaban en formación.

 

– Bienvenido General Lara, es un gran honor recibirle. Acompáñeme, le están esperando. –dijo el hombre realizando una reverencia. –Mi nombre es Paxton, y seré su asistente durante su estancia aquí. Cualquier cosa que necesite hágamelo saber.

 

– Muchas gracias Paxton, es usted muy amable. –respondió el General mostrando una sonrisa.

 

Ambos caminaron hacia el descomunal palacio imperial mientras eran escoltados por la guardia. Al llegar al pórtico los guardias que custodiaban la entrada hicieron un saludo y la escolta respondió de igual manera. Les cedieron paso y la comitiva continuó atravesando el arco que se formaba sobre sus cabezas.

La belleza y el detalle con que estaba trabajada toda aquella construcción era exquisita, las formas fluidas, los remates en plata y oro, los tapices, las pinturas y esculturas que por todo el palacio se sucedían mostraban la grandeza de la casa real. El palacio real mostraba lo mejor de cada época, pasado, presente y futura, uniendo a la perfección el estilo clásico en la arquitectura con las nuevas tecnologías, como por ejemplo los sistemas de iluminación. Todo aquello combinado otorgaba a aquel lugar un aura de divinidad.

 

– Lorenzo, que pronto has llegado. –la voz de una mujer sonó desde el fondo de la estancia. Desde allí podía verse a una mujer de mediana edad, con el pelo castaño recogido en un tocado y un vestido en tonos pastel, que se acercaba con pasos ligeros. Esta sonreía afablemente y mientras se iba acercando abrió sus brazos esperando un abrazo.

 

– Princesa Arissa. –saludó el General con cortesía, procurando mantener el protocolo.

 

– Por favor Lorenzo, no es necesario. Tú eres como de la familia. –dijo la princesa dándole un abrazo. –Dejadnos. –despidió a los soldados y al señor Paxton.

 

– ¿Cómo estas, Arissa?

 

– Contenta por tu visita, hacía mucho que no venias. – La princesa se agarraba suavemente al brazo del hombre y caminaron juntos por el palacio.

 

– Lo sé, pero he estado bastante ocupado. ¿Qué tal está tu padre? –el semblante del General se volvió triste.

 

– Sigue igual, los médicos no saben si será posible que salga del coma. –Arissa se tornó distante por unos segundos, casi como si sus pensamientos fueran a algún lugar lejano. –La situación en el senado y en el imperio en general me han mantenido muy ocupada, lejos de donde en realidad debería haber estado. A su lado.

 

El viejo tenía muchas cualidades, pero si había algo de lo que era capaz era de leer a las personas. Poseía un don para captar de alguna manera no solo los sentimientos de aquellos que tenía frente a sí, sino que también podía discernir sus intenciones. No es que tuviera capacidades sobrehumanas, simplemente era enormemente perspicaz, intuitivo y empático.

 

Él paso su brazo por encima de los hombros de la princesa y la estrechó contra sí, confortándola. Ella se mostró agradecida al instante, mirando a los ojos del viejo y sonriendo.

 

– ¿Te apetece tomar algo? Debes estar hambriento después del viaje.

 

– Estoy tan hambriento que me comería un elefante. –dijo el General bromeando. La princesa rompió a reír olvidando los problemas.

 

Les habían preparado una habitación con vistas a los jardines, desde la altura en la que se encontraban era casi como mirar desde lo alto de una montaña. La estancia estaba decorada en tonos marfil, al estilo imperial. Estaban sentados en unas sillas de madera noble labrada con intrincados dibujos y formas, tapizadas con terciopelo escarlata y frente a ellos una mesa con bandejas de plata les mostraba un variado surtido de frutas, carne y diversos postres. Para beber habían servido vino tinto, suave y especiado.

 

– Bueno viejo amigo, te conozco y sé que no solo has venido de visita. Es más, casi podría asegurar que lo has hecho por otro motivo. –dijo la princesa tras terminar de comer.

 

– Me has cogido. –El General levanto las manos en señal de rendición, mostrando su mejor sonrisa.

 

– Tuve un buen maestro.

 

– En eso tienes toda la razón. Está bien, vayamos al grano. –dijo. –Quiero saber que ocurre en el senado. Hace tiempo que me harté de esos burócratas y como ya sabes he preferido mantenerme al margen de esa cámara de charlatanes. No te ofendas.

 

– Tranquilo, te entiendo perfectamente. Lo cierto es que hay un clima tenso, la guerra fría contra la federación, los problemas con la piratería y la situación de mi padre ha hecho que los detractores a la dinastía Duval proliferen por doquier. Hay muchos que ansían el trono, aunque nadie lo dice abiertamente. Los informes que recibo son perturbadores, prefiero mantener esa información reservada por el momento, perdóname. –Arissa hizo un gesto de disculpa. –Pero una cosa sí puedo decirte, hay varios jugadores en este juego y todos ansían el trono de mi padre.

 

– Cuando declaraste que Hengist era tu padre, sabias que te granjearías enemigos. Empezando por tu querida sobrina Aisling. –dijo mientras jugueteaba con un botón de su chaqueta.

 

– Tomé esa decisión sabiendo lo que estaba haciendo, pero no podía quedarme de brazos cruzados mientras una manada de buitres hambrientos destrozaban el imperio.

 

– Totalmente comprensible, yo habría actuado de igual manera. –el general se recostó en su silla mientras juntaba sus manos y entrelazaba los dedos. La situación esta complicada por lo que entiendo. Por un lado tenemos la lucha de poder dentro del imperio, lo cual nos debilita de cara a nuestros enemigos. Las incursiones piratas se están intensificando por todo el territorio y Archon Delaine se hace cada día más fuerte, las guerras se suceden en muchos sistemas y la Federación nos presiona en las fronteras. La pregunta clave es, ¿Qué piensa hacer el senado?

 

– Se está planteando realizar un decreto por el cual poder solicitar un curso de acción… -Arissa se vio interrumpida por los gestos desaprobatorios del general, que negaba con su mano.

 

– Arissa, eso no nos va ayudar. Mientras ellos hacen propuestas, votaciones y decretos de ley, la gente ahí fuera está muriendo. El imperio se deshace en pedazo, y ellos se pelean como perros por quedarse con el trozo más grande. –La mirada de la princesa se volvió triste. Entonces el general se incorporó y miró fijamente a la mujer ante sí. -¿Qué piensas hacer para solucionar todo esto?

 

– General, estoy poniendo todos los recursos de los que soy capaz al servicio del imperio. Pero desgraciadamente estoy supeditada a los dictámenes del senado, no puedo pasar por encima, estoy atada de manos, limitada.

 

– Ya. –dijo en parte decepcionado con la respuesta y en parte como si ya la hubiera conocido de antemano.

 

El General asintió en silencio, durante un segundo se mantuvo sentado mirándola como si supiera perfectamente lo que sentía y pensaba. Acto seguido se levantó lentamente, se dirigió hacia la puerta, tras lo cual se dio media vuelta y se despidió.

 

– Me ha alegrado verte Arissa, espero me perdones por esta visita tan corta, pero tengo mucho trabajo que hacer. Adiós.

 

 

*

 

 

 

El viejo General entró por el edificio del alto mando de la armada con paso decidido. Allí era altamente respetado, había sido un héroe de guerra, había luchado cientos de batallas y había salido victorioso en su mayoría.

Aquel era un edificio bastante austero, nada ostentoso, estaba concebido para una función muy específica, comandar la armada imperial. A pesar de todo esto, en sus muros y en toda su construcción podía apreciarse el estilo imperial.

Avanzó por los pasillos hasta que encontró la puerta deseada, en un letrero podía leerse claramente “Registro”. Pulsó el panel holográfico para llamar, pero nadie contestó, así que introdujo su código de seguridad y abrió la puerta. Dentro habían varias terminales holográficas desde las que se podía acceder a toda la “data” de los registros de soldados, pilotos, etc.

Se acercó a una, tomó asiento y accedió al sistema para comenzar la búsqueda.

Uno por uno fue buscando dosieres de datos de pilotos que le habían sido fieles en el pasado, soldados con características muy concretas, especializados en áreas específicas. Uno a uno fue guardando cada una de las fichas de estos individuos hasta que llegó al último.

Al abrir este último documento se vio la foto de un hombre atlético, con facciones suaves, mandíbula fuerte, pómulos altos, los ojos azules y el pelo rubio oscuro bastante corto. Según la ficha, media algo más del metro ochenta y tenía complexión media.

Más abajo hacían ciertas menciones como las siguientes:

Gran capacidad para soportar la presión, el estrés y lidiar con situaciones extremas. Notable en el combate a bordo de caza de combate y con gran visión del campo de batalla.

 

El viejo General guardó los datos en su dispositivo y lo retiró. Acto seguido se levantó y se fue.

Jhulls

Gamer, Cinefilo, aficionado de la literatura fantástica y los juegos de rol, con ciertas habilidades para el dibujo, me adentro en el mundo de los relatos cortos para el disfrute de mis camaradas Centinelas.